Lo fantástico de nuestra profesión es que buscamos experiencias por todo el mundo para poder trasmitirlas a nuestros clientes para que también las puedan vivir. Y todas las experiencias, casi siempre, tienen nombre, apellido y profesión, y la que viví ése día, fue singular, fantástica e irrepetible.
Una gran persona, de menos de 1,50 de estatura, de 74 años de edad, curtido por el sol y el viento del Chimborazo, que con sus 6310 metros de altura, es la cima del Ecuador, con unas manos duras como el hielo, forjadas por decenas de miles de golpes de pico y con un idioma, el quechua, que me hizo, agudizar, mi intelecto a casi de 4000 metros de altura, para poderle entender sus palabras, evitando el soroche (mal de altura).
Don Baltazar, es de profesión, hielero y cada jueves, como en los últimos 55 años, durante 5 horas de ascension, sube a mas de 4500 metros de altura, en las faldas del volcán Chimborazo, a las minas de hielo, para bajar barras de hielo, en bloques de más de 35 kilos, al mercado de la Merced, en Riobamba, con sus dos mulas. Su trabajo, se paga a 5 Dólares el bloque ¡¡¡¡¡¡¡ increíble pero cierto.
Me conto su forma de trabajo, donde a las siete de la mañana sale de su casa, en la comunidad de cuatro esquinas, para subir a ver a su padre, el Chimborazo, el que le da de comer y a mitad de camino, en los pajonales, la zona con arbustos típicos de los paisajes andinos, Ushca recoge la paja, que le ayudara a envolver el hielo, para que aguante días. Siempre tiene la ayuda de sus mulas y sobre todo de la conocida como Widinson, bautizada así, por el nombre del fotógrafo, que le quiso hacer un reportaje y nunca pudo subir al hielero pues cogió mal de altura.
Gracias Don Baltazar por haberme dado la oportunidad de contarme su historia y sus historias (como la de su viaje a Nueva York) y sobre todo de conocer a una gran persona, como usted, a su majestuoso Padre, el Chimborazo, a su encantadora hija, Cawisa, a parte de su familia y darme a conocer profesiones ancestrales, ya casi perdidas, como la de hielero. Gracias Don Baltazar, gracias por la cátedra que me impartió, inolvidable. Como le dije, el año que viene espero, me acompañe a ver a su Padre, el majestuoso, Chimborazo.










